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La (media) vuelta al mundo en 6 días

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Cuando me dieron el trabajo en Vietnam, la primera preocupación fue el por dónde nos iban a traer hasta acá. Yo no tengo visa para entrar en Estados Unidos desde los años de Adán, y aplicar a una visa en Venezuela se estaba haciendo ridículamente difícil, como se puede ver en el diagrama de uno de los pasos iniciales antes de llenar la planilla en la figura a la derecha.  Pero claro, a pesar de comunicarle esto a Vietnam, ellos preferían pasarnos por EEUU. Era más barato, y habían harto más vuelos. Así que decidimos intentar aplicar a la Visa de tránsito, que debía ser más fácil ya que comunicaba la expresa intención de no quedarme en suelo Norte Americano, sino de ir a otro lugar en donde ya tenía contrato firmado y carta de aceptación y bla. Nada, la embajada de EEUU trató mi caso como una Visa de turista, primera vez, con todas las dificultades que eso implica. Todo, después de haber pagado la tarifa. 70000 bolos que no veremos jamás, porque por si todavía hay alguien q...

Mi querencia I

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No sé si este es el primer recuerdo que tengo que es así, tricolor. Pero es el que me viene a la cabeza ahora. Advierto que para poder contarlo tuve que pegarlo con cartón. Es un recuerdo roto. Mi madre me regaña por mirar al suelo mientras camino. Un día de estos voy a terminar por estrellarme contra un poste, como varias veces lo hice después. Pero en ese día no. En ese día caminábamos al carro, el cual tardó en arrancar. Entonces me parecía infinito, el espacio de la parte trasera, en donde iba solo. Me estiraba, acostado, y mis pies no alcanzaban la puerta. Miraba al cielo a través de la ventana, interrumpido de vez en cuando por un poste y sus cables, o por el techo de un puente en la autopista. Cruzaríamos el puente sobre el lago. Creo que es primera vez que lo veo. Lucero de la mañana. Se hace de día y la luz atraviesa un lago que, mira mamá, tantos barcos. Tantos barcos. Tardamos una eternidad de 30 minutos en cruzar el puente, que le da a mi mamá tiempo para cantar es...

Yo no olvido al año viejo.

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Mentira. Sí lo suelo olvidar. Desde unos años para acá me he dado cuenta de que de hecho no tengo muy buena memoria. Por eso es que quizá guardo tanto chéchere, cositas que me recuerdan momentos que de otra forma no recordaría. Aún así me cacho de vez en cuando olvidando momentos que algún aroma random me trae de vuelta. Así las cosas. Pero este año no, panas. Este año no se olvida. La vida se montó como que en un riel de tren en bajada. Y de paso prendió el motor. Este año llegué a casa, para sacudir finalmente las alas. Este año me prepara para decir: nos vemos, mundo. Este año dormí por primera vez en mi hogar. Así que yo no olvido a este año viejo, que me ha dejado cosas muy buenas. Feliz año, mi gente. Y que la pizza esté con ustedes.

Yamagata 1, el toddy, el abuelo y el meñique

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Hace unos 3 años viví dos meses en un barco. Antes de eso, el programa que me llevó a vivir esta experiencia me llevó a vivir dos días en Yamagata, una provincia al norte de Japón, para sentir lo que era un día en una familia más o menos típica de la zona. Por dos días, mi compañero, Cesar, y yo, tuvimos un papá, un mamá, una abuela, un tío, un hermano mayor, un hermano menor llamado Shimon - el cual constantemente recalcaron el parecido con el libertador de Venezuela - y un abuelo muy especial.  La primera noche fue tratar de conocernos. Tratar, porque para esa altura nuestro japonés apenas y alcanzaba a comunicarnos. El poco inglés de ellos, y el poco japonés de nosotros, alcanzó para intercambiar regalos de apreciación, por la visita y por el hospedaje. Nosotros le dimos chocolates, productos de nuestra tierra (cuando se conseguían...) y Toddy. Este último fue un particular éxito: a Shimon, el libertador, le encantó.  kurisuto benudito kesu esu esuta bebida de ka...

Dimitri

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Una vez viví en un barco por dos meses y desde entonces soy un panda marino. En ese barco había un ruso. Bueno, no, había varios, pero este ruso era más ruso que todos los demás. Se llamaba Dimitri, ve a ver.  Dimitri fue a ese barco, en donde vivieron, como yo, personas de distintos países que confiaban comunicarse en inglés como lengua común; pero fue sin saber más que una o dos frases de inglés. A pesar de esto, comunicarse no fue mucho problema para él pues su rostro era sumamente expresivo, y armaba frases de lo más divertidas con las pocas palabras que sabía y que iba aprendiendo cada día. Un ejercicio para comenzar con alegría la mañana era acercase y preguntarle How are you today Dimitri? Pues la respuesta siempre era, por no decir más, deliciosa.  - How are you today, Dimitri?  - I am... - pausa larga en la que medía las palabras- fine.  - How are you today Dimitri?  - I am... - otra pausa- Fantastic!  - How are you today Dimit...