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¿Por qué estoy vivo?

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Hoy me atracaron. Esto no es ni noticia ni sorpresa. Vivo en Venezuela y si aquí tienes cuerpo y respiras es probable que te hayan atracado (y si no, eres el próximo). El detalle no es ese. El detalle es que me atracaron estando jugando juegos de mesa en mi casa. Pero claro, esto tampoco es especial. En mi círculo cercano conozco al menos a dos a los que también han atracado en su casa (a uno hasta lo amarraron): en Venezuela la idea de que estás seguro en tu casa es una absoluta falacia, por lo que esto tampoco es sorpresa. La vaina es más complicada, porque me atracaron haciendo lo que me gusta más: estar en el lugar al que dediqué dos años de entero trabajo sin lucro, que ayudé a construir, y que ahora, florecido, apoyo cada que puedo para que siga en su labor de educar y ofrecer oportunidades de mejor futuro a cambio de sonrisas, de satisfación. Pero qué digo, de qué me quejo, la mayoría de las ONG han sufrido una suerte similar, o peor, pues han sido aplastadas directamente ...

Yo no entiendo de estas cosas

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Imagen de Eliecer Mantilla, Yahoo News Yo no entiendo de estas cosas, así que no me tomen la palabra. Sin embargo, recuerdo que hace un tiempo, antes de trabajar con el imperio, mi entonces jefa me invitó a una reunión para discutir algo de lo que no me acuerdo en este momento. Entrar en su oficina era encontrarse con el altar a VTV en su escritorio: imagenes de santos, indígenas, y minorías reivindicas por la revolución que a todos nos tiene mareados. Luego de dar las ordenes de rigor sobre el asunto no recordado, me empezó a explicar sobre la actitud ADECA. Me dijo que los adecos eran seres detestables, pero no porque el comandante presidente (decía mientras miraba su foto autografiada de Chávez) lo dijera. No. Eran detestables porque tenían el peor atributo que un ser humano puede tener: la incapacidad de asumir una culpa. Según ella, el adeco era conocido por nunca tener la culpa. Todo mal que pasara en su gobierno, era culpa de otro partido en su turno, un grupo de gente, o...

Venezuela se lo pierde IV: Isa

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Arte de Isabel Faccini Podría decir que pocas personas combinan menos con el atraso que representa Venezuela. en toda materia. que Isa, y sin embargo, qué persona venezolana es. Isa es, sin duda, la persona más persona que conozco. Me hizo necesitar, en todo sentido, repensar el género neutro y destruyó en mí tantos valores preestablecidos, prejuicios morales y etiquetas, que rehizo, y a veces sigue rehaciendo mi forma de pensar ante algunos problemas muy actuales. No tiene ni idea de cuánto le agradezco todo lo descubierto en las muchas conversaciones que tuvimos.  Para Venezuela perder a Isa es perder discusiones vitales, un gusto genial y una mano que pareciera derramar luz y color sobre lo que dibuje. Parecía tener esa maldición/bendición de aquél personaje de Mushishi que da vida a lo que garabatea. Estoy seguro que aún sigue teniendo ese beta. Sin embargo, para su bien o para su mal, lo feo escapa de su persona y su creación. Es el kawaii verdadero. Así, con K y ...

Venezuela se lo pierde III: César

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El viejito, aunque de viejo no tiene nada. Ni siquiera el cansancio propio de los viejos, como yo, que tengo 30 años y ya estoy retecansado. De hecho, pocas veces lo he visto dormir, a pesar de que estuvo conmigo en los viajes del barco, y fue uno de los fundadores iniciales del GOEN, y viajamos juntos a Caracas incontables veces por cosas de la embajada, o el barco, o quién sabe qué más. Menos veces lo he visto borracho (de hecho, ninguna vez), a pesar de que lo llaman Kanpai Senpai, por su infinita sed de los más variados licores. En Yamagata nos tocó hospedarnos en la misma casa, y la familia tuvo la decencia de preguntarnos qué es lo que más queríamos ver de Japón. Yo dije lo que saben, los templos. Él, el sake. Por su culpa terminé probando más tipos de sake de lo que podía contar, y no recuerdo con claridad un día entero de mi viaje por el norte de Japón. Pero él, nada. Completico. Seguía bebiendo incluso después de que recuperé la conciencia. De él depende mucho el GOEN, pue...

Ya estuvo bueno

Ya, carajo. Ya. Que se lleven a Polar. Que la expropien. Que agarren al carajo que montó Dolar Today y le hagan la de los Bolton, que usen su piel para hacer banderas de Venezuela. Que ya terminen de joder a los guarimberos de Leopoldo, de Ceballos. Que los ahorquen y los entreguen azules a sus mujeres, y a las mujeres, que las amarren en el centro de los barrios para que haya igualdad emancipadora pa' ellas también. Que no quede ningún opositor vivo. Que nos agarren a todos y nos claven en cruces en la frontera, para que los bachaqueros vean lo que les puede pasar. Que no quede un medio que hable mal del gobierno, que diga tantas mentiras sobre el buen gobierno. Que declaren libres a todos los presos que no sean guarimberos, para que el pueblo verdadero ya esté en la calle. Que se lleven lo poco que nos queda, que ya no quede nada. Que cierren las fronteras, que cierren los aeropuertos, que cierren Venezuela con candado para que nadie venga a opinar que esto no es sino el mejor ...

Uno con el Wi-Fi

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Las clases de Latín y Griego eran todos los domingos en la mañana. Religiosamente, a las 8 de la mañana nos estaba levantando el olor a café. Arenas ya estaba por llegar. A sacar las fichas, las copias, repasar. ¿Hiciste la tarea? Marica, nos va a preguntar. De bolas que nos va a preguntar.  Pero esta vez no nos preguntó las declinaciones. Al llegar, el ya viejo maestro, con el desaliño de los iluminados, se sentó precupado por dos cosas. La primera, la muerte. Y nos preguntó al respecto. ¿Qué sentíamos? ¿Qué temíamos? Nos confesó que cuando él tenía nuestra edad no le prestaba mucha atención, pero que ahora sí, pensaba en eso, y se acercaba a Dios, por si las moscas. La segunda cuestión aún hoy nos reune a mí a los que en ese momento estudiábamos las lenguas muertas: ¿Dónde está el Wi-Fi? Al maestro le causaba gran consternación el asunto del internet, pero se le hacía fácil entender que la información pasara por un cable. Ahora, el Wi-Fi... ¿Dónde estaba? Hacía la preg...

El Sr. Le Bloa, #CrónicasGimnásticas1

No es francés. Es maracucho, pero el padre de su padre de su padre sí era francés y se vino a Venezuela creyendo que el petróleo sí era oro negro. Con pico y pala, fue el primero en una larga cadena de fracasos y decepciones familiares que nos llevan al actual Dr. Le Bloa. Cirujano. Bien parecido. Alto. Un ojo medio perdido en el horizonte. A veces creo que lo está usando para fijarse en quién lo persigue. Sí, alguien lo persigue. Su fracaso... como vendedor de sartenes. Convencidos de que el joven Le Bloa sería quién rompiera la larga lista de fracasos de la familia, sus padres lo obligaron a ser médico y no seguir su sueño de ser vendedor de Tupperware. Lo triste de todo esto es que Le Bloa resultó ser un muy mal médico. Se dice que ha receteado agua oxigenada para curar la diabetes, e intentó alguna vez tratar la impotencia de un pobre señor (pobre, pobre señor) con un implante de gancho de ropa. La terrible reputación del Dr. Le Bloa lo llevó a un infortunio económico que lo...