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Notas de Esfiria: Los gigantes

Tanto han comido que se han vuelto lentos e infinitos. No por cantidad o inmortalidad, sino por su inmenso tamaño y la lentitud con la que desarrollan una idea. No siempre fueron gigantes, alguna vez, hace muchas lluvias, fueron esfires comunes. Cuentan que un mal día les dio un hambre que nunca terminó, y empezaron a comer cosas de cada vez mayor tamaño. Un mal día, el primer gigante empezó a comer una montaña. Y se hizo más grande. Los otros, que también tenían hambre, empezaron a hacer lo mismo. Así, acabaron con toda la zona montañosa de Tierra Tenue, dejando espacio para el desierto que luego se formaría.  Ya no se ven gigantes en el continente central. Cada vez más y más se fueron fastidiando de tanta luz y tanto ruido de las máquinas cuando las máquinas empezaron a aparecer. Fueron migrando, lentamente, al sur, cada vez más al sur, hasta que un día pasaron el mar Estigio caminando. Hoy, todos los gigantes viven en el continente abismal, al sur del sur, relegados casi al...

Notas de Esfiria: Estrelladero.

A 4 días al oeste de la costa oeste de Tierra Central de Esfiria existe una isla cuya arena es absolutamente metálica. Los pocos marineros que la han visitado dicen que la razón por la que es así es porque recibió, en algún momento, una lluvia de relámpagos que metalizó la arena y destruyó toda forma de existencia. Otros dicen que cuando los dragones poblaban la esfera iban a esa isla a aprender su característico aliento mortal. Nadie sabe con certeza, porque casi nadie se aventura a navegar más allá de la línea costera. Excepto Maoly, la capitana del Fugaz. Visita la isla cada cierto tiempo, cuando necesita tripulantes. Los que han tenido la suerte de ver al Fugaz han notado a sus pequeños y extraños tripulantes. Pequeñas bolitas brillantes con puntas por extremidades, grandes ojos y expresiva boca que usan para hablar un lenguaje titilante. Gracias a Maoly se sabe que estos seres habitan dicha isla, y que son estrellas caídas que no lograron fecundar nada (porque no hay nada qu...

Mi querencia III: Profe.

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Desde que la profe me amarró los zapatos por vez primera supe que esa mujer debía tener un acceso sobrenatural a todo el conocimiento del mundo conocido y por conocer. Crecí y me di cuenta, en mi adolescencia, que existen profesores malos, y luego conocí a los piratas; pero siempre hubo una que otra Nílibe, o Mario, o Vilchez que en la universidad me volvieron a amarrar los zapatos y mira, sí, ese acceso al universo del conocimiento que, qué loco, sí tienen.  Cuando elegí estudiar letras en la universidad fue porque quería ser escritor. Un cuento que todo el mundo me aplaudió cuando chiquito me hizo creer la mentira de que yo podía ser un escritor fantástico. Afortunadamente me di cuenta a tiempo que nada que ver. Que no tenía chance más que de contar buenos cuentos y amarrar con teipe una que otra frase.  El problema es que me di cuenta de esto ya cuando estaba en letras. Ya estando adentro, si no voy a ser escritor ¿qué carrizo iba a ser? Un par de años vacacionales...

Venezuela se lo pierde VII: Enkai

Este no es un video, así que pueden leer con calma. Lo sé, igual cuando yo se los digo es menos de fiar. Pero de pana, no es un video. Es un recuerdo. O la falta de uno. Porque la verdad es que después de haber trabajado directamente con Oswaldo - o mejor por su nombre, Enkai - por años, nunca lo vi serio. No quiere esto decir que no era capaz de hacer un trabajo serio: es una de las personas más emprendedoras que conozco. No. Sino que nunca faltó en su cara, y en su agenda, tiempo para una risa. O para un video raro. En serio raro. Muy raro. Pero por eso lo queríamos. Porque incluso en tiempos difíciles no se le acababa el optimismo para seguir adelante. Hasta que se le acabó. Porque Venezuela es especialmente talentosa en romper gente inquebrantable. Es otro de los fundadores del GOEN, y es, en especial, mi buen amigo. Pero a Enkai no lo rompió. Enkai, como muchos, decidió que Venezuela se lo pierde. Y nosotros nos quedamos, apenas, con los videos que nos sigue pasando...

Mi querencia II: Sapo

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Yo no quería ser Simón Bolívar en la obra de la escuela. Le tenía una especial renuncia a tener las patillas que, irónicamente, llevaría años después en mi adolescencia. Pero, hey, si Guillermo Griborio era Simón Bolívar, yo entonces quería ser Simón Bolívar. A todas estas, quien yo quería ser en verdad era Guillermo Griborio: la mejor nota del salón, y de paso, tenía a todos por amigos. Yo, que no entendía entonces de cuestiones socio económicas, no podía comprender cómo es que nadie quería ser mi amiguito. Ya, grande, me doy cuenta. No es que no querían, sino que yo no podía estar en sus clubes. Mi madre (sin mi padre), con mucho esfuerzo y sin una educación superior ni un gran trabajo, lograba alimentarme y, de paso, darme la mejor educación posible. Es por eso que pude estudiar en el Bellas Artes, con los hijos de los dueños de la ciudad, siendo hijo de Ana Morillo: para la ciudad, no mucho; pero para quien la conoce, la fuente de todo el guáramo.  Por eso quería ser Simón...

Venezuela se lo pierde VI: Los fundadores

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Con tequeños todo, sin tequeños nada. Con tequeños, en la sala de Eleuda, decidimos que el nombre sería GOEN. Significa, en japonés, encuentro afortunado. Aquel en verdad era un encuentro afortunado, porque ya hasta les había conseguido un espacio en donde operar: un círculo de estudio de japonés que se podría reunir en la biblioteca pública todos los domingos, siempre y cuando dieramos un curso gratuito a la comunidad. Eso hicimos.  Eso seguimos haciendo.  Eso seguirán haciendo las nuevas generaciones.  Ya no son gratuitos, a razones de operatividad. Ya no se hacen en la biblioteca pública del estado, y ya no se hacen para cubrir una promesa. Se hacen porque es la razón de ser del GOEN: hacer de esta ciudad un lugar culturalmente, aunque sea un poco, mejor.  Kotori senpai, Francisco, dio las primeras sonrisas a los primeros estudiantes. De él, sin duda, nació la forma de estudiar en GOEN "Estudiar de forma divertida".  Su eterna compañera,...

Mi querencia I

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No sé si este es el primer recuerdo que tengo que es así, tricolor. Pero es el que me viene a la cabeza ahora. Advierto que para poder contarlo tuve que pegarlo con cartón. Es un recuerdo roto. Mi madre me regaña por mirar al suelo mientras camino. Un día de estos voy a terminar por estrellarme contra un poste, como varias veces lo hice después. Pero en ese día no. En ese día caminábamos al carro, el cual tardó en arrancar. Entonces me parecía infinito, el espacio de la parte trasera, en donde iba solo. Me estiraba, acostado, y mis pies no alcanzaban la puerta. Miraba al cielo a través de la ventana, interrumpido de vez en cuando por un poste y sus cables, o por el techo de un puente en la autopista. Cruzaríamos el puente sobre el lago. Creo que es primera vez que lo veo. Lucero de la mañana. Se hace de día y la luz atraviesa un lago que, mira mamá, tantos barcos. Tantos barcos. Tardamos una eternidad de 30 minutos en cruzar el puente, que le da a mi mamá tiempo para cantar es...